Archivo de Septiembre 2007

“Por la mañana sale el sol”…..

Mis retinas jamás podrán olvidar al bueno de Antonio como celebraba uno de nuestros últimos títulos.
Y tuvo que ser ÉL precisamente el que nos la cantara: “Sale el Sol por la mañana….” una oda a la felicidad, a las ganas de vivir, a las ganas de disfrutar; canción alegre y declaradora del Optimismo.

Y me paro a pensar, ¿qué nos pasa que todo nos molesta? Que si los fichajes, que si las equipaciones, que si los abonos, que si los cambios, que si las alineaciones, que si los biris, que si los viajes, que si los repartos de entradas, que si patatín, que si patatán…..

“Sale el sol por la mañana…” diría yo. Estamos viviendo los momentos más importantes y emocionantes de la Centenaria Historia Sevillista y nos debatimos en pequeñeces que nos están haciendo no disfrutar este mágico momento. Debemos dar gracias a la Providencia porque somos unos auténticos privilegiados al poder contemplarlo. ¿Qué habrían dado generaciones de antaño por vivir nuestra época?

Mi Padre siempre me inculcó el positivismo, siempre veía el vaso lleno, incluso medio lleno cuando realmente estaba vacío. Le encantaría esta canción y seguro que la tararea allí arriba.

Como bien dice el maestro “arriba los corazones sevillistas”, vivamos la Gloria que nos está visitando y , por favor, que siempre “SALE EL SOL POR LA MAÑANA”

José Ignacio Molina (socio nº 1212)

Eterno 16

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No fue el archifamoso mago norteamericano. Bien podría haber sido, experto como es el figura en hacer desaparecer (o en hacer que parezca que desaparecen) cosas enormes como la Estatua de la Libertad o como el Golden Gate de San Francisco.

No fue tampoco la inmensa avaricia del Imperio Británico, experto en levantar medio Egipto para trasladarlo al mismísimo corazón de Londres.

No.

Fueron unos pocos miles de sevillistas. Corría el mes de abril de 2006, en plena temporada del Centenario del más grande equipo del Sur de España. El lugar del prodigio, un rincón sin apenas importancia en las afueras de Gelsenkirchen, ciudad de Alemania.

En ese mágico lugar, la fuerza de unos pocos miles de corazones sevillistas ávidos de la misma gloria que, sin saberlo, o sabiéndolo quizás pero sin enterarse, se les venía encima, hizo desaparecer una colina sin nombre. Se esfumó. Ahora ya nada queda en su lugar. Sólo hay un vacío.

Tenéis que ir allá, a las afueras del Velstin Arena para contemplarlo. Cerca de la autopista hay un agujero negro. Cuentan los más viejos del lugar que allí hubo, una vez, una colina verde. Una tarde de abril de 2006, la colina se volatilizó.

“Se la llevaron”, cuenta un anciano entre cerveza y cerveza, “unos extranjeros. Llegaron una mañana calurosa de primavera, lo inundaron todo de un hermoso color carmesí, enseñaron a todo el que quiso verlo lo que es el amor a unos colores. Lloraron. Se abrazaron. Apretaron los dientes…”

El anciano da un trago lento a su cerveza. Deposita la jarra con suavidad sobre la mesa de madera en la que alguien esculpió, años atrás, a punta de navaja unas siglas extrañas, SFC. Brillan sus ojos con el recuerdo imborrable de aquella mágica tarde. Y afirma.

“Sí. Ellos se la llevaron. Se llevaron la colina. Yo no sé a dónde, pero se la llevaron. Ni sé cómo. Esté donde esté, la colina estará en buenas manos. Porque se la llevaron a empujones de pasión. Y cantaban…” concluye el anciano, mientras en su memoria se repite el soniquete inagotable de aquel “lo, lo, lo lo….lo,lo,lo,looooo” que, como la hiedra, quedó pegado para siempre en su memoria.

                                                                                                                         Jesús Alvarado

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