Archivo de Abril 2009

¿Qué es La Colina?

En principio, en este mundo global, este mundo material, este mundo sin apenas sentimiento, este mundo en el que la falta de principios y valores éticos parece ganar la partida a la entidad humana, en este mundo que vivimos, casi todo el que lea ese nombre se figurará cualquier cerro de cualquier lugar, otros pensarán de que se trata de algún emplazamiento en algún lugar, así hasta llegar a quien busca en el diccionario de la RAE, pero ¿qué es eso de La Colina?, es más tiene hasta apellido germano, Gelsenkirchen.

Sin embargo, este nombre, aquí, en la “Híspalis” romana, en la “Ishbiliya” árabe, en la Sevilla sevillista, tiene un significado y unas connotaciones distintas al resto de ese mundo tan anárquico. Y si, para el resto de los mundanos tiene significados pragmáticos, para nosotros los sevillanos, los sevillistas, tiene una razón totalmente opuesta.

En esta Sevilla sevillista, decir Gelsenkirchen es recordar la historia contemporánea del Sevilla FC. Decir La Colina, es trasladarte a sentir al Sevilla FC de otra forma muy distinta al resto, es sentir el corazón bombear sangre por un escudo, por una pasión, es volver a vivir un jueves de feria, es gozar por unos colores, es conmoverse por un sentimiento que tan sólo algunas personas curtidas han sabido expresar.

Pero ¿qué es La Colina?, qué es lo que hace sentirte diferente, qué es lo que te contagia, qué sublime sinrazón te hace sentir de esa manera. Por más vueltas que le he dado, por más divagaciones en las que he querido hundirme, no encuentro las palabras correctas para tratar de definir ese sentimiento resumido en dos palabras.

Mi llegada a este edén de sevillismo fue por casualidad, por un post leído y releído, por una bandera centenaria fotografiada junto a un señor que no conocía de nada, por un video sentido y disfrutado, por un comentario de un colinero (gracias de nuevo cuñado) que estuvo allí, que vivió aquel tumulto, aquella revolución, aquel presagio eterno, aquellos minutos interminables de gozo, aquellas lágrimas sevillistas que recorrieron el antesala del Veltins-Arena, aquel temblor rojiblanco que ni la eternidad podrá arrancar de las entrañas. Pero mi llegada estaba escoltada ya, estaba precedida de un pregón inigualable que aún rezume en mi corazón, de una bandera inimitable, de un himno que te hace fibrilar de una manera incomparable.

He vivido el sevillismo como tantos y tantos miles de sevillistas; calificando mi sevillismo como el mejor de los mejores, la cima del sentimiento por unos colores, por un escudo. Pero ha sido cuando escalé a esta cumbre sevillista, cuando me he dado cuenta de que había más sevillismo del que yo me había imaginado. Un sevillismo diferente, un sentimiento hacia un escudo desigual, una manera de sentir al Sevilla FC que sólo los llantos, a veces, son capaces de transmitir ese frenesí, esa locura.

Y La Colina de Gelsenkirchen es eso, esas cosas que nunca se pueden definir ni expresar con palabras, es esa “amistad espontánea, sincera de verdad, amistad grabada al fuego de unos colores que nos hacen sentir y llorar, llorar y reír, reír y cantar, todo por unos colores…” (mi querido y estimado Juan Ramón Corona, cómo puedes escribir estos comentarios…).

Nuestra Colina de Gelsenkirchen es la apoteosis de muchos latidos de corazones que no saben vivir el sevillismo más que así, con pasión, con locura, con llantos, con risas, con cánticos, con soberbia, con amistad, con un amor inquebrantable hacia un escudo, “el nuestro, el tuyo Sevilla” (García Barbeito, dixit).

Eustaquio Carrasco

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