El sol se ensañaba impartiendo una justicia implacable a todo lo que se ponía a tiro de sus dominios pero al Sevilla Atlético y al Granada C.F. no les quedaba otra que soportar doble enemigo durante noventa minutos de juego sobre el césped del estadio principal de la Ciudad Deportiva José Ramón Cisneros Palacios.
Como no quedaba otra, dio inicio el juego y durante una de las primeras jugadas, girando un poco el cuello vi, allí en una esquina, tras el banderín más cercano al banquillo local, lugar que no conseguía ni por asomo una tregua del astro rey, a un hombre, a un entrenador, de la casa, observando las evoluciones de los que hasta hace año y medio eran sus pupilos. Manuel Jiménez Jiménez ponía sus manos sobre la valla de separación para apoyarse y sus ojos sobre los jugadores de Diego Rodríguez que se batían el cobre con nobleza ante un equipo duro, muy duro.
Recordaba yo entonces tiempos recientes con Manolo Jiménez en el banquillo del filial, de su filial, con el que jugó hasta cuatro liguillas de ascenso, luciendo orgulloso en el pecho el segundo escudo más bonito de esta bendita ciudad que nos presta su nombre y me venía a la cabeza que, por esos tiempos, repito que recientes, yo giraba la cabeza y por mucho que llegara luego a casa con tortícolis me quedaba con las ganas de ver al entonces entrenador del primer equipo de esta ciudad, del primer equipo del Sevilla F.C.
Tal vez, eso yo no lo controlo, el hombre que entrenaba antes que Manolo Jiménez a mi equipo estuviera muy ocupado para otros menesteres que no fueran para los que estaba contratado y, lo mismo, al de Arahal le sobre el tiempo o no le guste estar con su familia, o con los amigos, o vete tú a saber.
Creo que un entrenador debe ser mucho más que el que entrena a un equipo.
Y creo que Manolo Jiménez es mucho más que quien entrena a mi Sevilla Fútbol Club.
Por eso no entiendo la campaña de acoso y derribo que se le hace por parte de ciertos núcleos públicos y privados.
Lo mismo a los detractores de Manolo Jiménez todo lo contado anteriormente les dé igual o se lo pasen por el forro de su injusticia. Porque lo mismo los detractores de turno piensan que Manolo Jiménez, tras haber cumplido el objetivo primordial de la temporada y haber llegado hasta semifinales de la Copa del Rey, es el culpable de que el Sevilla F.C. no hubiera jugado al fútbol igual que el F.C. Barcelona, con 280 millones de euros de presupuesto menos, pero hombre, ”¡ese detalle es nimio!”
Lo cierto y verdad es que guste más o guste menos, Manolo Jiménez se deja la vida por el Sevilla Fútbol Club y que nadie está exento de reprimenda cuando se lo merezca, pero esta tiene que llegar oportunamente medida hacia quién vaya dirigida teniendo en cuenta la trayectoria de esa persona, y, es mi opinión personal, no creo que Manolo Jiménez se merezca que nadie lo minusvalore o, peor aún, que lo desprecien.
Porque Manolo Jiménez es uno de los míos, uno de los de colorao.
Francisco José Carrasco
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